Mis fics, que surgen de mi corazón y alma. PROHIBIDA la subida de cualquiera de mis fics. NO doy permiso a NADIE. Por favor, sírvanse en avisarme si ven esto subido por alguien que no es el autor (yo) Grax.
martes, 31 de julio de 2012
Perseo
-Caballo -Fetiche -Destino -Honestidad -Gran batalla -Monstruo -Diosa -Banquete -Sueños -Oráculo
Piensa una historia con un Héroe Mitológico (que "exista", no vale inventárselo)
Algarabía, risas, mujeres desnudas correteando y escondiendose en esquinas oscuras... una gran fiesta para celebrar el retorno del gran héroe.
Un muchacho joven, apuesto y audaz, que había vencido en una gran batalla contra el más mortífero monstruo ; una hermosa mujer, diosa en sus sueños, que sentenciaba el destino de cualquiera que se le acercara...
Canturreaban su nombre, y la gran hazaña que había llevado a cabo, regalandole un gran banquete, y honores, y vino dulce como hidromiel que quemaba en su garganta haciendole sentir aún más vivo.
- ¡¡Perseo!! - tronó una voz, tenebrosa y firme, y el gran oráculo se le acercó.
Llevaba una pequeña figurita en la mano ; un caballo completamente negro, con cola y crin de cabello blanco, y hermosas alas talladas y pequeñas piezas de cristal engarzadas.
- Te ofrezco esto como presente, tómalo. Fetiche sanador que protegerá tu alma y cuerpo hasta la muerte... -
La honestidad en sus palabras brillaba por su ausencia, pero Perseo lo aceptó con amplia sonrisa, ajeno a las consecuencias de lo que aquello le acarrearía...
Y se perdió en el recuerdo de la derrota una vez más, fijando sus retinas en la decapitada Górgona...
Funesto
Hermoso-Pícara-Salada-Compartir-Futuro-Estruendoso-Calidez-Sueño.
Tuve un sueño hermoso. Y cuando abrí los ojos en mitad de la noche, me lamenté con un suspiro. ¿Porqué tuve que despertarme?
Cerré de nuevo los ojos, intentando recuperar aquél mundo onírico.
El agua salada formaba perlas de sudor que cubrían su piel, y yo jugaba a limpiarlas.
Su sonrisa endiablada escondía su lengua, con la que soñaba un día sí y otro también, y su voz pícara escapaba en un murmullo incesante de gemidos.
Rió burlonamente cuando deslicé mis manos hacia su cadera, apretándola contra mí con fuerza, evidenciando lo que deseaba.
Se inclinó sobre mí y noté la calidez de sus besos en mis labios.... que lentamente volvieron a estar fríos, mientras mi bullente sueño volvía a deshacerse en mi consciencia...
Tras la ventana de mi pequeña habitación el cielo se veía gris, lloviznaba y el frío se filtraba por las rendijas, buscando morder mi cuerpo...
Fijé la vista vidriosa en aquél paisaje inerte, angustiado por la pérdida de un futuro que en algún momento ella me había ofrecido compartir, y que yo había desdeñado... y un estruendoso vozarrón gritó en mi interior "GILIPOLLAS!!!"... mientras me sentía el tío mas imbécil de la tierra...
Espíritu (a editar)
Élite, Asterisco, Hojarasca, Nervudo, Sincero, Cristal, Noche, Interpretación, Caja de Música, Agua.
Protagonista : Un espíritu de fuego.
Una suave ráfaga de viento levantaba la hojarasca a varios centímetros de sus pies, haciendo que le rozaran los tobillos y piernas.
Reía con aquella suave caricia, y
Sibellius
Desafío que contengan estas palabras, y que sea de 100 a 200 palabras o así… creo recordar…
Sabemos, sueño, tema, años, plaga, problemas, ocho, siembra, última, mayores.
Observó la copa, que levitaba frente a su rostro.
Un ligero movimiento de su mano, y se estrelló contra la cara del niño, que dormía profundamente en un rincón, alejado del calor de la chimenea que ardía.
- ¡¡Animal, despierta!! – atronó la voz, mientras el pequeño despertaba de golpe de su sueño.
Gimoteó quebrdamente, mirando al que era su padre, que le devolvió una mirada feroz, recordandole sus mayores temores.
- Ocho años contigo, maldita plaga… ¡¡Eres un peso muerto, un lastre!! No sé porqué naciste… nunca debí dejar que la meretriz de tu madre se acercara a mí… ¡¡No trajo más que problemas!!
Se puso en pie de un salto, arañando el butacón, y se acercó a las brasas. Dejó que el fuego lamiera su brazo, dejando al descubierto la marca.
- Aaahhh… – sonrió disfrutando del terror que esto infundía en el pequeño – te aseguro que tu vida no será un camino dulce… Es más, os dos SABEMOS que DEBES MORIR.. ésta será tu última noche… ¡¡sí!! – le miró de reojo, y susurró para sí mismo – el tema es, ¿cómo me deshago de él?…
- El que siembra, recibirá goria… Y el señor oscuro me cubrirá con ella… pequeño Snape.. – canturreó mirandole gélidamente…
PS : Es el padre de Snape… siendo cruel con el pobrecico u,u (Si, de Harry Potter)
Usa el diccionario
Campirano, Anomia, Figulino, Gestadura, Bayonesa, Prócer, Somurgar, Ojizarco, Gémino, Nigérrimo
Avanzó a hurtadillas por el oscuro pasadizo, temiendo ser encontrada en cualquier momento.
En su pecho latía un pequeño corazón asustado, como si fuera un cervatillo que huyera de un cazador, y al atisbar un leve reflejo a poca distancia, se vió obligada a dar marcha atrás, gimoteando mientras rezaba a algo desconocido que la pudiera sacar de allí.
Hacía poco tiempo que había llegado a aquellas campiñas bayonesas, y había soñado con que su estancia fuera más que agradable, pero… sin darse apenas cuenta, se encontró en medio de todo aquél percal.
Las gentes, extrañas y totalmente amorales, empezaron a hacerle el vacío, a hablar a sus espaldas y mostrarle disgusto sin ningún tipo de reparo.
La tildaban de mujerzuela y ladrona cada vez que aparecía por el pueblo, y al fín, en medio de todo el abucheo y griterío en el que se había visto sumergida cuando inocentemente había saludado a un jovenzuelo rapaz ojizarco de gestadura inocente, apareció Geraldo, el hombre más respetado del lugar, un prócer venerado por aquellas gentes, que, sin mediar palabra, se la llevó de allí, escondiéndola en el carromato con el que se había acercado a la marabunta que le había llamado la atención poderosamente.
- ¡¡No quiero vivir en esta anomia!! – sollozó entre los brazos de aquél hombre, que la llevó a un castillo donde no estaban mas que ellos dos, y que la tranquilizó con voz suave y clara, regalándole caricias y abrazos.
Y después de pasar una noche en su alcoba, preguntándose si aquél hombre había sido anteriormente uno de aquellos campiranos y cómo había resultado ser el más cuerdo de todos ellos, súbitamente se aterró, porque escuchó sonidos que procedían de las puertas del castillo, y que inconfundiblemente eran producto de las gentuzas del pueblucho, que se habían acercado con intención de…
Y por eso se puso en pie, abandonando las sábanas aún calientes, donde el hombre la había dejado dormitando, y escapó de la habitación rumbo a cualquier pasillo… buscando una salida a aquel horror.
_ Minina… preciosa, bonita, ¿dónde estás? – le oyó llamarla, y por eso su corazón se desbocó, porque no parecía en absoluto tierno ni amable, e intentó rehacer sus pasos, pero al poco dió de bruces con algo, y, al mirar sobre su hombro y ver a aquél gémino, dejó escapar un grito de horror, que sin duda actuaría en su contra.
A su espalda, otro Geraldo la miraba, con los ojos vacíos y hundidos en su figulina corteza, y respiró hondamente al darse cuenta de que no era más que una figura de barro, que a saber con qué intención estaba allí expuesta.
Sabiendo que el hombre se acercaba a pasos acelerados donde estaba ella, se intentó esconder tras la estatua, y se dio cuenta de que estaba justo al lado del alfeizar de una ventana, y justo debajo un gran pozo, de profundidad desconocida… y no lo pensó dos veces, así que se encaramó, y se somurgó en aquella pastosa agua, dejandose caer y pensando que sería la única forma de huír de alli.
Un alarido de rabia fue arrancado de la garganta del hombre, que, nigérrimo, mandó azotar a algunos de los pueblerinos decadentes, lamentandose por la perdida de tal preciosa caza, y se fue por donde vino, seguro de que la mujer muerta estaría, y mandando a buscar a otra posible víctima, sin saber que ella esperaba pacientemente para salir del agua y huir…
La rata y el detective
Mayura entró en la habitación pistola en mano, mirando a diestro y siniestro y olisqueando el aire por si le traía alguna pista.
Se dirigió al anexo de aquella habitacionzucha, y no pudo reprimir un grito de pavor.
- Dios!! Qué susto!! – habló con la voz entrecortada, observando al pequeño ratón que se afanaba en engullir los restos de una tarta de queso que había allá en el suelo.
Un hombre de porte lánguido y enfermizo, se le acercó por la espalda, acomodándose el sombrero de ala ancha que llevaba mientras silbaba suavemente una canción.
- Vamos a ver… – chasqueó la lengua al ver al ratoncillo – Aquí tenemos la resolución de nuestro caso.
La incógnita de las desapariciones “asombrosas” que contaba la señora Chester… ¡¡Eran solo cuentos de vieja!!
Curvó los dedos de las manos, como si estuviera estrujando un cuello invisible, y de repente se puso a reir.
- En fin, ¿qué hacemos? ¿Arrestamos al pobre ratón por abuso y lo hacemos declarar en el estrado?
Cabeceó y dio media vuelta, tropezando con un tablón suelto y partiéndose la crisma.
Soltando sandeces e insultos, se puso de pie, agarrando el maldito tablón y quedándose literalmente con él en la mano.
De pronto, toda sorna desapareció de su cara, y, lívido, volvió a arrodillarse, para descubrir al tímido vejete que habían enterrado allí, y que, aún estando vivo, le miraba con ojillos asustados.
Le liberó de la apretada mordaza con la que lo habían silenciado, pero su voz apenas fue susurrante :
- ¡¡Asesinato!! – una única palabra, y abrió muuucho los ojos, asustado de una sombra.
- ¡¡Mayura!! ¡¡Ven aquí, mira!! ¡¡Esto es el incentivo que cualquier detective necesita para ponerse en ACCIÓN!!
Emocionado, volteó la cabeza, buscando la aprobación de su compañera, pero sólo vió al infame ratoncillo, con los carrilos hinchados.
- Pero bueno, ¿tú no dejas nunca de comer? – se rió con ganas, y, al no encontrar indicio alguno de su compalera, se dedicó plenamente a rescatar al viejete.
Se dio cuenta de que el anciano miraba con ojos llenos de un brillo extraño, y una sombra de locura cruzó por sus iris, antes de proferir un alarido que le sorprendió por lo potente que era.
- Y, ¿qué pasa si no dejo de comer? – una voz desagradable, áspera, ronca, le heló la sangre, y no se atrevió a darse la vuelta en aquél momento.
Sólo se quedó observando fijamente el tímido reflejo de las pupilas del hombre, en el que se dibujaba el cuerpo, enorme, atroz, de, ya no un pequeño bichito adorable aunque molesto, sino el de un raton de grotescas dimensiones, al que sólo acertó a ver cómo abría la mandíbula, para que, con un lacerante dolor y en cuestión de segundos, su mundo se cubriera de negror.
“ Y aquí acaba la historia de nuestros amigos… Pensároslo bien antes de convertiros en detectives privados!!!.. porque nunca sabeis qué os va a pasar…”
Psicópata y Cleptomano
En este ejercicio, pues el protagonista debe ser un niño, que sea un psicópata y cleptómano.
Las palabras a añadir son las siguientes :
Hacha, Tendero, Entraña, Araña, Pseudónimo, Cripta, Valioso, Fantasmagorico, Individualista, Estreñimiento.
***************************************************************
“Tralarí, tralará, la cabeza te voy a cortar ya… con un hacha afilada las entrañas voy a desgarrar, y gritarás y aullarás, y a mí me vas a odiar…”
Alex cantureraba por lo bajo, mientras clavaba sus ojos grises en el rostro del tendero, que pululaba arriba y abajo del pasillo donde había colocado a los reptiles, observandolos con sonrisa ladina y ojos brillantes, contando las monedas que iba a sacar vendiendolos.
Pero a Alex no le interesaban los reptiles, sino que calculaba el momento preciso para entrar a hurtadillas y cojer lo que era suyo.
Un hombre enjuto y de rostro fantasmagorico se plantó ante la puerta de la tienda, admirando su reflejo en el vidrio ; tras unos segundos, entró, y Alex aprovechó para entrar a hurtadillas tras de él.
Conocía muy bien a aquél hombre.
Era el celador del cementerio local ; lo vió por primera vez cuando se escondía en la cripta de los Mullhous, con la idea de profanar sus tumbas… seguro que encontraría cosas muy interesantes, y total, ellos no lo necesitarían.
Sonrió al recordar el valioso artefacto que logró recuperar en aquella intrusión, y que siempre llevaba consigo. Nadie desconfiaría de un muchacho como él, y por lo tanto, se sentía totalmente seguro al llevarlo encima.
Se escabulló por otro corredor, sin que le veran ; ventajas de ser pequeño y escurridizo, y se acercó a las vitrinas pequeñas, donde aguardaban las sinuosas arañas. Peludas y enormes, o pequeñas y tan finas como hilos, aquellas bestezuelas siempre le habían atraído poderosamente, y siempre procuraba hacerse con todas ellas, allá donde las viera.
Hechó un último vistazo, desde su ángulo comprobó que no le podrían ver, así que metió mano a las vitrinas, burlandolas con total impunidad, y sacando de allí afanosamente a las criaturas, guardandolas todas ellas en un zurrón que llevaba colgado al cuello.
Sintió la mordida de una araña, y sonrió, deleitandose con la punzada, riendo por lo bajo y pensando que sería la primera que usaría aquella noche…
Rápidamente colocó dentro de la vitrina un papelajo arrugado y sucio, donde había garabateado un símbolo con la sangre de su última víctima, aquél era su pseudónimo, su firma… pero aunque ya había dejado cuatro de ellas en distintos lugares, tras su particular atraco, ningún medio se había hecho eco de ello, y estaba un poco deprimido.
Y por eso, aquella noche se prometió que iba a ser especialmente tentadora y que hablarían de ella durante muuuucho tiempo.
Caminó de puntillas para salir de la tienda antes de que se percataran de lo que había hecho, agarrando al mismo tiempo de las estanterías las peqieñas figuritas expuestas para decorar terrarios y peceras…
¡¡No podía evitarlo, sus manos se movían solas!!…
Suspiró, y siguió a lo suyo.
Escuchó al renqueante hombre hablar entre jadeos y pitidos pulmonares, y aprovechó la distracción de aquellos dos para salir de la tienda.
¿Qué mas daba si veían una figura salir fugazmente, si no podían identificarle?
Con una amplia sonrisa en el rostro, corrió camino abajo, torciendo en los recodos usuales, que lo llevaban a su refugio.
El centelleante sol se escondía tras la enorme y desvencijada nave industrial, del que emergía un zumbido inquietante.
Aspiró el olor a moho, humedad, madera chamuscada y algo inidentificable, y masculló algo entre dientes.
Se llevó la mano al zurrón, el cual se removía asquerosamente, y sacó una araña de allí.
La observó fíjamente, apretujandola en sus manos ; sentía cómo sus patitas se movían intentando tomar el control de su cuerpo.
- Bah… – le mordió una pata, arrancandosela y masticandola, degustando el sabor rancio y amargo. Al contrario de lo que muchos pensaban, la carne que muchos pensaban, la carne de araña era sana y altamente digestiva, y desde que empezó con el ritaul de comerselas aún vivas, no había sufrido de estreñimiento.
Se la llevó consigo, y fué dando saltitos hacia la nave industrial, tarareando la misma siniestra canción una y otra vez.
Se escabulló a través de una obertura, y un gemido quedo llegó a sus oídos, mientras un rumor insistente ascendía desde sus pies.
- Precioooooosaaaaas ¡¡mías!! ¿Cómo estais? ¿Habeis jugado mucho? – canturreó Alex mientras iba derecho hacia el centro de la nave, de donde colgaba “algo”
Una multitud ingente de arañas se deslizaban en movimientos sinuosos, unas sobre otras, formando una especie de huevo compacto. Un brazo colgaba fuera, a traves de aquella masa, verduzco y lleno de picaduras ; una araña individualista se paseaba por aquél trozo de carne, dejando el resto del cuerpo para sus hermanas.
Alex observó con deleite aquella escena, y se dejó caer en el suelo, sentandose entre la maraña de pequeños seres que correteaban de aquí para allá, y que curiosamente le eludían en su trajinar, pues estaban concentradas en alimentarse del cuerpo que colgaba semi-inerte… y del que aún se podían escuchar brotar gemidos…
Y sonrió, esperando el momento en que lo encontraran.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)






