Harry Potter: Hermione guarda en su corazón un recuerdo de antaño. ¿Es posible reencontrar un amor después de largos años?
Harry Potter - Rated: M - Spanish - Romance - Chapters: 1 - Words: 659 - Reviews: 4 - Published: 10-6-04 - Hermione G. & Ron W.
Reencuentros Capítulo 01
Mis fics, que surgen de mi corazón y alma. PROHIBIDA la subida de cualquiera de mis fics. NO doy permiso a NADIE. Por favor, sírvanse en avisarme si ven esto subido por alguien que no es el autor (yo) Grax.
martes, 31 de julio de 2012
Lupin Capítulo 02
Tonks
Tonks estaba sentada en la misma silla donde siempre descansaba Lupin desde hacía ya innumerables años, bebiendo a sorbos grandes de una botella que había cogido de la alacena.
El líquido era realmente fuerte, bajaba por su garganta abrasándola, y calentaba su estómago, dejándole una extraña sensación.
Temblaba, pero la estancia estaba caliente, la chimenea tenía un fuego encendido, que crepitaba jugando con las ramas secas y el carbón que lo alimentaba.
Hermione entró sigilosamente en el salón, y al verla la miró reprobadoramente, le disgustaba que ella estuviera bebiendo, pero entendía cómo se encontraba, así que no le dijo nada sobre ello.
Se sentó a su lado, y le acarició la espalda suavemente, entristecida ; sus dos amigos estaban destrozados y ella no podía hacer nada al respecto.
¿Sabes? – Tonks habló con voz rasposa – Yo... le quiero....
Lo sé – respondió Hermione, entornando los ojos
Ah, ¿Sí? ¿Tanto se me nota? – sonrió tristemente – pues él ni siquiera lo ha notado....
Hermione calló. Entendía que ella se sintiera traicionada y triste, era una mujer después de todo, una mujer enamorada de un hombre que no la podía corresponder.
Oh, Dios, ¡¡me siento sucia!! ¡¡Siento que no merezco la pena, la vida!! Estoy quejándome porque él no me ama... pero el hombre al que amo acaba de perder su corazón... - las lágrimas seguían cayendole por las mejillas creando surcos en su cara. - Me siento tan triste... - sollozó con fuerza.
Y se derrumbó, llorando con el corazón partido, deseando ser ella la que estuviera muerta en aquel momento, y no Black, el único que le daba vida a Lupin, que ahora estaba muerto sin él.
Lupin seguía en aquella habitación, observándola. Era la habitación de su amado, que ya nunca volvería a estar allí.
Podía oler su aroma, incluso sentir su calidez entre las sábanas de su cama....
Resultaba tan grande y vacía sin él.... La casa, en realidad, era demasiado enorme, triste y vacía sin su presencia.
Se dio cuenta de que algo sobresalía del colchón de la cama, algo que casi pasaba desapercibido, y que había sido guardado con premura.
Recordó que cuando fué a llamar a Sirius, pocas horas antes, vió cómo tocaba nervioso su cama ; diciéndole que sólo estaba arreglando lo que el sinvergüenza de su elfo doméstico no había bien, y con esa idea se conformó.
Gateó hasta allí, y tiró de aquello, que resultó ser un ibro de hojas blancas, llenas de sus letras, y fechadas en cada borde.
Un pequeño grito escapó de sus labios, dándose cuenta de que era un diario ; Sirius hacía lo mismo que él.... Se preguntaba qué era lo que él escribió en aquellas hojas, y se puso a devorarlas, sabiendo que desconocía muchas cosas de su amor.
Pero, al llegar a una de las últimas hojas, se quedó pálido, leyendo una y otra vez lo que ponía en aquella hoja, con letras rojas y de trazos gruesos y seguros.
"Él no lo sabe, pues no le he dicho aún nada, pero creo que estoy empezando a sentir algo por él. Su proximidad me inquieta, y sus dulces ojos se clavan en mí como dagas, en la soledad de mi cama y mis noches esos ojos siempre me acompañan... y me perturban."
Aguantó la respiración, y consiguió pasar la página, con manos temblorosas, leyendo los sentimientos de su vida, de su amor, que por ironías del destino no se le habían concedido hasta después de su muerte.
"Ahora estoy seguro. Le quiero. ¿Qué voy a hacer? No puedo decírselo, no creo que sea correcto. Por otra parte, siento que a él le pasa lo mismo, pero... no puedo estar seguro. Ah, cuánto daría por estrecharlo entre mis brazos y besarlo. Si supieras cuanto te quiero.. Lupin.."
Un grito ahogado precedió a un sollozo del hombre, que sentía cómo su interior se desgarraba, como si un animal le clavase las afiladas uñas desde su interior, intentando salir a la superficie atravesándole.
Se estaba volviendo loco.
" ¡¡¡¡Me quería!!!! ¡¡¡¡Me QUERÍA!!!! " – gritaba para sus adentros. – "¡¡¡¡ Y no lo he sabido hasta el final ¡!!! Si tan solo yo hubiera tenido el coraje suficiente, si hubiera sido valiente... ¡¡¡¡ por lo menos nos hubieramos amado !!! "
Sus ojos, anegados en lágrimas, no le dejaban ver apenas nada de lo que le rodeaba. Desesperado, exhausto y descompuesto, pensó en la única salida para él.
Se dirigió hacia donde había dejado la varita, tirada sobre la mesa, y se apuntó el cráneo con ella. Quería acabar con aquel sufrimiento, y qué mejor manera que acabar con su vida.
De su boca surgió un alarido exasperado, sollozó, gritó, aulló.... Y quiso recitar un conjuro ; el avada kedavra, el más mortífero de entre todas las maldiciones, el que sólo los mortífagos invocaban, pero que muchos más conocían. Sus labios se movieron lentamente, susurrando con lentitud las palabras, pero no tuvo tiempo de acabar la frase.
Hermione y Tonks, que al oír sus gritos exasperados cruzaron como balas la casa, abrieron a empellones la puerta, y Tonks, medio borracha y oyendo voces inexistentes, aulló la maldición, pensando que lo atacaban los mortífagos, que habrían llegado hasta allí para acabar el trabajo empezado.
Hermione se llevó las manos a los labios, viendo la estampa y sabiendo lo sucedido.
Lupin descansaba en el suelo, inerte ; su cara, triste y surcada de lágrimas, con sus ojos avellana llenos de paz, reflejaba el momentáneo dolor que sintió, con la varita en la mano y con evidentes signos de haber querido acabar con su vida por el dolor que sentía.
Y Tonks, que se había quedado helada en el dintel de la puerta, dejó caer su varita, precipitándose con los ojos desorbitados sobre el cuerpo de Lupin, llorando desesperadamente, suplicando por él, abrazándole y meciendo su cuerpo como si lo estuviera acunando.
Su mirada, vacía, se perdía en los ojos de aquel hombre sin vida, que ahora, con fortuna, estaría junto a su amor.
Lupin Capítulo 01
Lupin
Lupin escondió su cara entre sus finos brazos, llorando lánguidamente la pérdida de aquel hombre al que no podía olvidar.
Sirius, con sus diferencias, sus malas y sus buenas cualidades, se había adentrado en su corazón, haciéndose con un hueco y apropiándose de su amor.
Jamás se había atrevido a confesarle nada de lo que sentía, aunque sospechaba que Sirius lo había comprendido, en ocasiones habían hechos demasiado evidentes como para dejarlos escapar.
Aún así, no estaba seguro de que él se hubiera dado cuenta, jamás se lo dijo claramente, y ahora lo reconcomía.
¿Porqué no había tenido jamás la valentía suficiente como para decírselo a la cara?
" ¡¡Cobarde, cobarde!! ¡¡Ahora está muerto y tú morirás con su recuerdo!! "– se dijo a sí mismo, con las lágrimas cayendo a borbotones por sus claros ojos, enrojecidos por llevar llorando desde hacía ya unas horas.
Intentó pensar que con el tiempo sus heridas sanarían, que aunque le tuviera en su mente y en su corazón, lograría sobrevivir.... Pero se sentía morir. Un peso enorme en su estómago y un nudo en su garganta lo dejaban casi sin respiración.
Se levantó, nervioso, dando vueltas por la reducida habitación, que se le caía encima por momentos.
Sirius.... Sirius.... – sollozaba con gran pena, sintiendo cómo en su interior la furia y la frustración ganaban terreno a su alma bondadosa. En un arrebato de rabia tiró la librería que guardaba los pocos libros que Sirius había atesorado, el estrépito hizo que Tonks y Hermione, que lo habían acompañado a la mansión de Grimmauld Place, subieran a toda pastilla por las tortuosas escaleras de aquella emponzoñada casa.
¡¡LUPIN!! ¿Estás bien? ¿Qué ha pasado? – dijeron las dos al unísono, temiendo que su buen amigo estuviera en un aprieto.
¡¡Nada!! ¡¡No me pasa NADA!! ¡¡Dejadme tranquilo....!! Por favor.... – dijo, en un suspiro.
Las dos chicas se miraron con lástima, y aceptaron reticentes.
Está bien. Pero estaremos por aquí por si nos necesitas... Por favor, llámanos si sucede algo, lo que sea... Estamos aquí... - Hermione posó su mano en la puerta, como si Lupin pudiera sentirla.
Él se acercó a la puerta, y posando la mano justo donde ella la tenía, como si sintiese su calor, sonrió apesadumbrado, asintiendo levemente con la cabeza.
Está bien... - murmuró, y se deslizó hasta quedar sentado en el suelo, con la mirada perdida.
Hermione y Tonks suspiraron, sin convencerse del todo, y se dirigieron al piso inferior, a una habitación en el fondo del pasillo, donde se sentaron en la cómoda cama. Se miraron tristes, y a Hermione se le escapó un leve sollozo, todos sentían la pérdida de Sirius, un chico fantástico después de todo ; al pensar en Harry se le partió el corazón, recordando la cara de profundo dolor y los aullidos que de su boca escapaban. Estaba fuera de sí, y tanto ella como Ron, sus amigos desde hacía tanto tiempo, se sentían totalmente impotentes, sin poder hacer nada por mitigar su dolor.
Tonks se puso de pie, acercándose a la mesa que descansaba en una esquina, donde había un libro, una pluma y un candelabro. En una esquina del libro, el nombre de Lupin lucía con letras doradas.
Ah, claro, esta es la habitación de Lupin... - susurró distraída Tonks, mirando alrededor.
Hermione la miró con curiosidad, y también observó la parca habitación, que no tenía demasiado ; un escritorio, algunos libros, una librería, una cama, un baúl...y poco más.
De pronto, fijó su mirada en algo que sobresalía desde detrás de la librería, y que estaba oculto entre la madera y la pared.
Tonks... ¿Qué es eso? – le preguntó, a lo que la alocada chica, que ahora se mostraba mansa y apesadumbrada, respondió mirando hacia donde ella había dicho.
Pues... no sé.... – se acercó al lugar y metió los dedos, para sacar un libreto pequeño, lleno de polvo. Lo intentó sacar con cuidado, pero cuando ya casi lo tenía del todo fuera, se quedó atrapado allí detrás, así que se puso a empujar para poder sacarlo de una vez.
Sabía que estaba haciendo mal, que era la intimidad de su amigo Lupin... pero el tener algo tan escondido no era propio de él, siempre tan claro ; era como un libro abierto, jamás se le había dado bien ocultar cualquier cosa.... Y ahora, esto.... Se moría de la impaciencia por saber qué era lo que había allí.
En un esfuerzo, logró sacar el libro, pero lo hizo con tanta fuerza que voló prácticamente de sus manos, cayendo al suelo por detrás de ella, a los pies de Hermione, que se agachó a recogerlo, y que lanzó un gritito al querer cogerlo.
Tonks la miró inquisitiva, mientras se acercaba a ella para saber qué ocurría.
Miró por encima del hombro de la chica, y comprendió el porqué de su sorpresa.
Una lágrima rodó por su mejilla, sintiendo cómo el corazón se le desgarraba, tanto por su amigo Lupin como por ella misma.
En la hoja amarillenta, en trazos firmes y color verduzco, sólo habían unas letras, pero que dejaban claro los sentimientos de aquel hombre.
"Sirius.... ¡¡TE AMO!!"
Hermione y Tonks se miraron confundidas, y se sentaron en la cama, mientras Hermione pasaba las páginas hacia atrás frenéticamente, intentando encontrar el principio de aquello.
En todas las páginas habían los mismos ruegos, las mismas súplicas, las mismas palabras tristes, ardientes, apasionadas... El corazón de aquel hombre amaba intensamente, y ahora estaba destrozado completamente.
"Sirius... si pudiera decirte lo que siento... Sé que esto es imposible, sé que soy un monstruo, tanto por mi condición, por mi maldición y por lo que siento.... Pero mis sentimientos son puros. Te amo... ojalá fuera distinto. Ojalá fuera, por lo menos, una mujer"
"Tu rostro triste, tus ojos mirandome fíjamente, tu calida voz hablándome al oído... Me estoy consumiendo a tu lado. Debería alejarme de ti, pero, ¡¡No soy capaz!! Quiero ser capaz de verte cada día, aunque no pueda amarte... tan sólo a tu lado..."
"Me odio a mí mismo. Dios mío, ¿porqué me has hecho así? Mi corazón, mi alma, están maltrechos, necesitan de sus labios, de su cuerpo, su abrazo, sus palabras... Mis lágrimas no dejan de brotar de mis ojos, todas mis noches se tiñen de nostalgia, de pesar y dolor.... Porque sé que jamás será mío, y que debo tener mucho cuidado en que jamás lo sepa. Pero, ¡¡es tan difícil!!.... Le amo con todas mis fuerzas, y no queda nada para mí, estoy destrozado..."
Tonks lloraba sin parar, sin decir nada, leyendo con gran pena.
Se levantó de la cama y salió de la habitación corriendo, bajando a la cocina, donde se sirvió una bebida muggle muy fuerte, que le cortó la respiración de golpe.
Hermione dejó el libro sobre la cama y bajó en pos de la mujer, estaba casi segura de saber el porqué de su reacción.
Lupin
Harry Potter: Y con tu muerte, mi vida no tiene sentido...
Harry Potter - Rated: M - Spanish - Drama/Angst - Chapters: 2 - Words: 1,845 - Reviews: 4 - Published: 10-14-04 - Remus L. & Sirius B.
Capítulo Uno
Capítulo Dos
Harry Potter - Rated: M - Spanish - Drama/Angst - Chapters: 2 - Words: 1,845 - Reviews: 4 - Published: 10-14-04 - Remus L. & Sirius B.
Capítulo Uno
Capítulo Dos
Su historia
Se respaldó en el banco, tirando con cuidado de la tela de tafetán roja, para descubrir algo parecido a un pergamino, que cogió con precaución.
Dejó la cajita a su lado, y desplegó aquello, descubriendo una fotografía de Lupin, que parecía reciente.
Las lágrimas seguían cayendo lentamente por sus mejillas ; entornó los ojos para provocar que cayeran las que le quedaban, para poder ver mejor la imagen.
Se distinguía a Lupin, vistiendo su usual capa raída, unos guantes con los dedos cortados y una bufanda de Gryffindor, que le hizo sonreír.
La imagen se movía a cámara lenta, y Lupin la miró fijamente, con aquellos ojos que tanto añoraba contemplar, sus labios dejaban escapar un murmullo casi inaudible, y le dedicaba una sonrisa, mientras le ofrecía un ramo de rosas rojas que llevaba escondido a sus espaldas, que al principio eran tan sólo unos capullos cerrados y pequeños, pero que en cuestión de segundos se abrían completamente, dejando ver todo su esplendor.
Una sonrisa triste se dibujó en el rostro del hombre, mirándola con un extraño temor en los ojos vidriosos, y la escena se esfumó tras una cortina de humo, para volver a empezar otra vez desde el principio.
Hermione se quedó muda mirando aquella foto, y siguió contemplándola durante un rato, intentando escuchar el murmullo de Lupin, sin entender apenas lo que decía.
Sabía que la magia estaba prohibida, siempre lo recordaba, pero después de lo que había pasado, pensó que demasiado preocupados estarían por recomponer el mundo mágico como para perseguirla y castigarla por hacer algo de magia, así que pensó por un momento, rebuscando en su memoria algo que pudiera ayudarla a potenciar aquella imagen y poder escuchar por fín lo que él decía.
Tenía la sensación de que se lo estaba diciendo directamente a ella, y no podía sacárselo de la cabeza, quería asegurarse de no estar loca y de que lo que sospechaba era cierto.
Se sacó la varita de debajo del suéter, donde siempre la llevaba camuflada ; en un caso necesario podría recurrir a ella con presteza, y murmuró un hechizo con el que esperaba descubrir lo que se le escondía a sus oídos y a su vista.
La imagen volvió a desandar lo que había había visto ya unas cuantas veces, y el ruido de fondo se escuchó claramente. Una melodía dulce sonaba en un viejo gramófono muggle, y el roce de la ropa de Lupin dejaba adivinar que se movía inquieto. Respiró hondo mientras giraba lentamente la cabeza, y al clavar la vista al frente, murmuró algo que ahora se escuchó perfectamente.
– Hermione... – respiró conteniendo el aliento, y al expulsarlo de una sola vez, volvió a hablar – ...Te amo... – al decir eso, descubrió el ramo que escondía tras la espalda, y mirándola con ojos de carnero degollado, le pidió en tono desesperado algo que hizo que su corazón le diese un vuelco.
– Cásate conmigo. Sé mía, quédate a mi lado... Te necesito.. Te quiero.... – la voz se le quebró, y la imagen se oscureció, llevándose aquella imagen al recuerdo.
Hermione temblaba, sosteniendo la foto y con los ojos abiertos de par en par. ¿Cómo había sucedido? ¿Cómo había sido tan estúpida, tan insensible de no entender? Jamás había sospechado nada, y ahora le carcomía la sensación de haberlo perdido todo y de haberse quedado sin vida.
Enterró la cabeza entre su pecho, llorando desconsolada, y en un murmullo respondió a su propuesta, como si él la pudiera escuchar en cualquier rincón donde estuviese...
– Sí... sí... sí que quiero... ¡¡¡¡Ven a buscarme!!!! –
Los recuerdos de Ron y de lo que sentía por él se mezclaban ahora con lo que sentía ahora por Lupin. Se avergonzaba de haber relegado a Ron a un segundo plano, cuando lo había querido muchísimo, pero al parecer aún podía amar de nuevo, y más intensamente como podía comprobar.
– Ron, ¡¡lo siento!! Allá donde estés, nos encontraremos cuando yo muera, y podremos seguir viviendo nuestra historia... Pero yo sigo viva, y es sencillo : los sentimientos cambian... – suspiró largamente, cerrando los ojos con fuerza para retener las lágrimas que escocían sus ojos. – No te enfades.. Te sigo guardando muy dentro de mí... –
Plegó la fotografía otra vez, y al querer devolverla a su escondrijo, se asustó, al comprobar que en la pequeña caja había un nuevo objeto.
Un anillo reluciente, plateado, con un cristal en forma de lágrima engarzado, que tenía un ínfimo pétalo de rosa bermellón en su interior, y en el que, a la luz de la luna, vió que algo estaba grabado.
– ¿Magia? – quería pensar que aquello venía ligado a lo que había visto, tal vez al descubrir la foto fuera mostrado el anillo, pero... sería demasiado estúpida si lo creyera así. – ¿¿Remus?? ¿¿Estás aquí?? – no se dió cuenta de que había perdido ya la forma tan formal de llamarle ; siempre por su apellido, resultaba frío, pero no podía acostumbrarse a tratarle con tanta familiaridad....
Ahora, tenía tal desazón en su interior que lo llamaba buscándole alrededor, sabiendo a ciencia cierta que debería estar allí, junto a ella.
– Remus, por favor, muéstrate – suplicó sollozando – Quiero verte.... No niegues que estás aquí, NOTO tu presencia, ¡¡¡¡sé que me estás viendo!!!! –
Su voz, truncada por el nerviosismo, sonó como un gorgojeo tembloroso, y calló, tragando saliva y respirando rápidamente.
Sus oídos se agudizaron, escuchando el roce contra la hierba de algo que se acercaba hacia donde estaba ella, que se asustó. Escuchaba atentamente mientras se agarraba del cuello del abrigo con ansia y miraba fíjamente ante ella, logrando distinguir una figura que se iba dibujando a medida que se acercaba lentamente hacia su posición.
La luna iluminaba pequeños pedazos de aquella loma, dejando ciertas partes en penumbra y otras donde la claridad alumbraba tenuemente, y fué en uno de aquellos lapsus donde ella vió, con un gritito de sorpresa, quién era.
La luz le alumbró de lleno, dibujando aquella cara que tanto conocía ; sus ojos castaños brillaban intensamente, y la sonrisa de su rostro era tímida y franca ; y le arrebató el corazón. Sin esperar a que acabase de subir la pendiente, se abalanzó sobre él, abrazándole con fuerza y enterrando sus rizos en su pecho, mientras lloraba convulsivamente.
– Reeeeemuuus... – su voz entrecortada llegaba tenuemente desde su escondrijo, ahora se mezclaba la tristeza con la felicidad y el miedo, que por partes iguales recorrían su cuerpo, atravesándola como si fuesen alfileres.
El hombre permaneció allí, de pie, sin atreverse a mover ni un sólo músculo, experimentando distintas sensaciones al sentir el joven cuerpo de la muchacha que lo abrazaba con tanta ansia.
El rubor tiñó sus mejillas ; y se sorprendió al sentirse como un adolescente, pero aquella mujer, que no niña, lo había hechizado, y ahora, tras tanto tiempo esperando por ella, la tenía entre sus brazos.
Era desesperante comprobar que lo que tanto le había costado ocultar durante aquel tiempo, se desmoronaba en un segundo; todo el esfuerzo que le había supuesto obligarse a no pensar en ella o en no correr en su búsqueda era ahora superado con creces por le creciente amor que se filtraba por cada poro de su piel, hasta que la rodeó en un abrazo tenso.
Hermione buscó con la mirada la del lupino, que enseguida la contestó con una afable sonrisa ; ella se puso de puntillas y le besó suavemente, cruzando los dedos para que él no la rechazara.
Remus, que por un momento se había quedado en blanco, la atrajo hacia sí, abrazándola con ternura, devolviéndole el beso dulcemente, mientras los copos de nieve seguían deslizándose sobre sus cuerpos, alfombrando el suelo por donde pisaban.
Y durante toda aquella noche se perdieron en sus besos y susurros de amor, como tantas otras noches que vinieron después ; hasta que culminó en una ceremonia al estilo muggle, donde sus vidas quedaron unidas y selladas para toda la eternidad.
La celebración fué tal y como había ellos habían imaginado ; muy hermosa y radiante. Todos los amigos que habían sobrevivido y que ahora eran como una enorme familia muy unida, asistieron al enlace, con grandes sonrisas y paz en sus ojos. Sus padres, llorando al ver cómo su pequeña hija se iba con otro hombre, intentaban sonreír sin parecer demasiado paternales, prometiéndose estar siempre a su lado, y murmurando entre ellos frases de amor, renovando sus votos con cariño.
Mientras, el aire, plagado de pétalos blanquecinos, se encargaba de hacerlos volar alrededor de la pareja, convirtiendo aquel lugar en una preciosa alfombra donde dos pequeños gemelos correteaban jugueteando a tirarse por el suelo y a llenarse de pétalos, que transformaban en un plis plas en palomas y mariposas con un leve gesto de la mano o un murmullo.
– Mamáaaaaaaaaaaaaaaa – gritó la niña, corriendo a agarrarse del vestido de la novia, que la miró con cariño, aupándola y abrazándola con amor.
Remus la besó en los labios suavemente, mirándola con gran amor, con la felicidad exhultante en los ojos, sabiendo lo feliz que era junto a una mujer maravillosa que le había dado dos lindos hijos, y que por fín había hecho suya.
Le pasó el brazo por la cintura mientras reía con ganas de las locuras que su hijo hacía, jugando con Tonks, que, aunque en ocasiones le miraba con ojos tristes, regalaba a su "sobrinito" una franca sonrisa, y le mostraba cuánto podía hacer con su poder.
Remus sonrió complacido para sus adentros, pensando que jamás nada iba a destrozar aquella felicidad completa.
Pero, quién sabe lo que el destino guarda entre sus cartas...
Buscándote
De repente la lechuza salió volando de su hombro, donde se había posado, y planeando se posó en la acera de enfrente, donde ella fue a buscarla.
Había algo en el suelo, una especie de cajita pequeña junto a un sobre, en la que se podía leer perfectamente su nombre, escrito con letras rojas y brillantes.
El sello del lacre estaba aún caliente, e hizo que se sobresaltara, volviendo a buscar a su alrededor, sin conseguir ver a nadie ; la calle estaba casi desierta, pues era ya entrada la noche, se le había hecho más tarde de lo normal.
Sin embargo, se quedó allí, de pie, observando con miedo lo que había encontrado. Se preguntaba si era de Lupin, y ante esa sospecha se sintió desgraciada, al haberle tenido tan cerca y no haberle visto, se sentía una estúpida.
Se apoyó en el cristal, el mismo sitio donde la espalda de aquel extraño había estado apoyada hasta poco antes de que saliera ella de la cafetería, y abrió el sobre, con las manos temblando. Leyó el contenido con prisas, sin respirar apenas, y la pena volvió a apoderarse de ella al leer las últimas líneas.
"Supuse que era mejor dejarte seguir con tu vida. Aquella noche me dí cuenta de que no tenía nada que hacer contigo, tu corazón no me aceptó, y, créeme, lo mejor era no ponerme en contacto contigo. Debía curar mis heridas antes de poder verte o hablarte, pues tu sola presencia me arranca el alma, sin poder tenerte para mí.
Ya ves, hoy he calculado mal. No me imaginé que podría encontrarte, y, cuando te he visto, no he podido hacer más que quedarme tras la ventana, mirándote. Pero no puedo hacer más.
No te sientas culpable por mí, yo mismo me lo busqué. Somos demasiado distintos, además de la evidente diferencia de edad.
Ah, eres asombrosa.
Hay algo para ti en la cajita, es un regalo que te hago, con increíble cariño. En realidad, hace ya mucho que lo tengo, te lo quise dar aquella noche, pero... te fuiste, así que me he visto obligado a guardarlo, no me sentía capaz de deshacerme de lo único que me recordaba a ti. En fín, ahora es tuyo. Cuidate.
Con gran afecto, Lupin. "
Hermione dirigió sus pasos indecisos por la calle desnuda. El viento susurraba en sus oídos secretos, murmullos que la asustaban cada vez más, pues tenía la sensación de que la voz que le llegaba a través del aire le era muy familiar.
– ¡Hermione...! – giró la cabeza de repente, al oír su nombre. La piel se le erizó, reconociendo la voz ; estaba segura de que era él. No obstante, frente a ella no había nadie, sólo su lechuza, que revoloteaba contenta en su cercanía.
– " Ufff... me estoy volviendo loca, ¡¡ahora incluso le oigo!! " – la decepción teñía sus ojos castaños, que miraban hacia delante sin ver nada en realidad.
Apesadumbrada, siguió adelante, caminando lentamente.
Sus padres estarían sin duda preocupados ; se imaginó a su madre prácticamente tirándose de los pelos mientras se mordía nerviosamente las uñas, mientras que su padre estaría refunfuñando, proclamando a voz en grito castigos que en realidad nunca llevaban a cabo.
Eran muy nerviosos y enseguida se crispaban, pero eran un trozo de pan.
A pesar de que ella tenía suficiente poder como para protegerse en el mundo muggle, ellos aún temían por ella. Sin duda lo que había sucedido en Hogwarts les había hecho desconfiar aún más del mundo y de lo que le pertenecía por derecho a su pequeña.
Sabía que tenían razón, pero estaba harta de ser la pequeña niña que ellos cuidaban como si fuera aún un infante, y no la adolescente que, aunque había estado a punto de morir, había renacido de entre las cenizas, y que en diversas ocasiones había salido triunfal de aventuras peligrosas.
Cabizbaja, recuperó en su recuerdo una vieja melodía triste, melancólica, que siempre la acompañaba en sus peores momentos, martilleando su corazón herido.
El vacío que llevaba en su interior la dejaba desnuda, vulnerable, rota.... No entendía porqué precisamente ahora se había dado cuenta de cuales eran sus sentimientos, y, aunque es mejor tarde que nunca, se arrepintió de haberlos descubierto cuando ya estaba todo perdido. La confianza se había roto en mil pedazos y lo único que era capaz de pensar era en todo tipo de situaciones en las que le hubiera gustado estar con él. Se rompió un poco más cuando divisó a unos cuantos pasos a una pareja comiéndose a besos, abrazados bajo aquel cielo oscuro del que pequeños copos de nieve empezaban a caer.
Muy lentamente, y en forma de pequeñas perlas blancas, se deslizaban lentamente, cayendo como pétalos de cerezo en flor, tiñendo el suelo de un blanco puro y diáfano.
Apartó la mirada de aquella pareja, y giró bruscamente a la derecha, adentrándose en un parque solitario, que en uno de sus costados daba a un río que atravesaba tranquilamente la ciudad, con aguas calmadas que en ocasiones traían extraños regalos, y donde una inmensa fauna marina poblaba su arena y sus aguas.
Siguió un sendero de losas de madera que se adentraba en el parque, bordeado de bancos de madera, a unos diez pasos de distancia cada uno, y serpenteó perdiéndose en el camino, sin pensar en el camino tomado ni molestarse en recordarlo para cuando quisiera volver tras sus pasos.
Distraída, llegó hasta una ladera, donde había un pequeño banco para dos personas, desde donde se podía observar las aguas tranquilas del río, por el que un puente cruzaba a lo lejos, y un paseo lo circundaba, ligándolo con el parque.
La luna, cortada en una limpia mitad, alumbraba suavemente aquel paisaje, arrancando destellos suaves al agua y alumbrando un poco su campo de visión, mostrando la inmensidad del vacío en el que se veía envuelta.
Le gustaba mucho lo que veía, era hermoso, y en otra ocasión le hubiera enamorado, pero ahora tan sólo contribuía a que sus ojos se llenaran de lágrimas, que escocían con ansias de ser vertidas.
Escondió la cara entre sus frías manos, y lloró por fín, intentando arrancarse el nudo que le atenazaba la garganta y el vientre. Las piernas le flaqueaban, y empezaba a tiritar ; pero no era el frío la que la había vencido, sino sus sentimientos de mujer, que se habían despertado por segunda vez, más intensamente si cabe.
La cajita, que había guardado despreocupadamente en el bolsillo de su abrigo, se le cayó al suelo en un movimiento brusco, y se agachó a recogerlo.
La compuerta se había abierto, y la tela que había cubierto la base donde había estado resguardado el anillo de Lupin se había desenganchado un poco, dejando entrever un trozo de papel amarillento, que no había notado cuando lo abrió por primera vez.
La Añoranza
Suspiró, y se acomodó en la silla, cerrando los ojos y expirando suavemente el aire que había llenado sus pulmones, intentando relajarse ; aún así una desagradable sensación llenaba su estómago, como si unas cosquillitas andaran por su vientre, tal y como sintió la primera vez que Ron la besó.
Los nervios empezaban a flaquearla, se sentía extraña, sensible, en ocasiones saltaba por cualquier nimiedad y lo convertía en una montaña... Y no quería seguir así.
Asió con seguridad la pluma, la cargó con la tintura y empezó a escribir, intentando no arrepentirse de nada de lo que pusiera en aquellas hojas.
Tras los cristales, la gente pasaba velozmente, siguiendo su propio camino y sin detenerse a observar a su alrededor, dejando pasar cualquier detalle que les pudiera llamar la atención. Si se hubieran molestado en observar a su alrededor, hubieran visto a alguien de pie, en la acera de enfrente de la cafetería, que llevaba ya apoyado en un escaparate de un negocio fallido hacía unas cuantas horas.
El sol ya se había escondido tras su manto de estrellas, y el frío había arreciado, mordiendo la piel y los huesos de aquellos que no llevaban demasiada ropa de abrigo ; La figura se estremecía al notar aquel frío nocturno que se había intensificado de golpe, pues llevaba ciertamente poca ropa, pero no se movió de allí, ni hizo ademán de guarecerse en algún rincón cercano. Se estremecía y notaba cómo los ojos le lloriqueaban por el frío, pero tan solo cruzó los brazos abrazándose, y siguió observando, tranquilamente, esperando algo que le hiciera saltar.
Hermione seguía en la tentativa de escribir aquella misiva, pero tan sólo había completado tres míseras líneas, y no reflejaba en absoluto lo que quería explicar.
"Madre mía. Tú que siempre has sabido qué decir exactamente, y ahora, ¿qué? ¿De qué te han servido todos esos libros que has leído?.... ¿Qué se supone que tengo que hacer?" – se preguntó desesperada. – "En fín, que sea lo que Dios quiera...."
Releyó lo que había escrito, sin estar del todo contenta de su contenido.
" Lo siento, Lupin.
Lo siento en verdad, no sé cómo compensarte, pero es injusto que no me contestes a las lechuzas, estoy muy preocupada por ti"
Al leer la última frase, que había salido de su interior sin darse cuenta, enrojeció levemente, pensando que sonaba demasiado personal. Pero, como así era en realidad, prefirió dejarlo tal cual.
"¡¡AGH!! Será mejor que lo escriba de un tirón y lo envíe tan buen punto acabe, sino, no lo haré nunca!!" – se reprendió a sí misma, y así fue como lo hizo.
Al dejar la pluma en la mesa, plegó la carta, la metió en un sobre y la cerró con el lacre que había comprado en la tienda, usando el sello que Ginny le había regalado hacía dos años, con el escudo de Gryffindor. Se levantó un momento de la mesa, saliendo a la calle. Desandó el camino que la había llevado a la cafetería, llegando al callejón que se perdía en la esquina, y llamó a su lechuza, que acudió rauda a ella desde el alfeizar del piso superior del edificio, donde se había dedicado a picotear una rata que había cazado.
Hermione le entregó la carta, que cogió con el pico, la acarició suavemente y la dejó volar, mientras le daba la espalda y regresaba rápidamente al café, por lo menos se calentaría un poco, pues la idea de haber salido sin su ropa de abrigo, que había dejado descuidadamente en el respaldo de la silla, había repercutido en que ella empezaba a sentir pesadez en la cabeza y la garganta irritada, un estornudo le anunció que aquella corta excursión le había costado cara, pues no le quedaba otra que curarse con los remedios muggles.
Se precipitó a su mesa, donde lo había dejado todo, y se sentó otra vez, con la intención de escribir a Ginny.
No había ni cogido la pluma cuando en un golpe de aire la puerta del establecimiento se abrió, cosa que su lechuza aprovechó para entrar revoloteando y esconderse bajo una mesa, extrañamente nadie se había percatado excepto Hermione, que pegó un bote en el asiento.
Vió cómo se acercaba a ella dando graciosos saltitos, sin carta y sin respuesta. Se sorprendió mucho, porque acababa de salir a entregar esa carta, y no encontraba solución para aquel misterio. Cuando la tuvo a sus pies, la cogió con cuidado y la puso en su regazo, intentando que nadie lo viera, cosa bastante fácil porque, aunque la cafetería estaba bastante vacía, la camarera estaba más pendiente de un cliente con el que tonteaba que por quien quedaba en la sala. Así pues, la sostuvo en sus manos, y sintió un ligero pinchazo en el dedo, producido por algo que la lechuza llevaba en una de sus patas.
Era un anillo pequeño, que reconoció al instante, pues lo había visto infinidad de veces en las manos del licántropo, que lo llevaba siempre en el dedo meñique.
Llevaba engarzado el rostro de un híbrido de lobo, con las fauces abiertas, mostrando unos afilados colmillos y un fino reguero de sangre cayendo de su boca. Bastante extraño y aterrador, le pareció muy desagradable cuando lo vió por primera vez, pero no le preguntó nada sobre ello por si no fuera algo de lo que hablar.
Su corazón latía con fuerza en su pecho, mirando con los ojos abiertos aquella joya ; la deprendió de la pata del animal y lo guardó con fuerza en su puño.
¡¡Está aquí!! – exclamó en alto, sin reparar en cómo la miraban sobresaltados al haberla escuchado gritar.
Se levantó, dejando la silla en su sitio, pegada a la mesa ; pagó a la camarera que charlaba coquetamente con un empleado, y salió a la calle, arrebujándose en su abultado abrigo de invierno, mirando con ansia en cualquier dirección, intentando adivinar la figura de Lupin en cualquier espalda.
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