martes, 31 de julio de 2012

Victor 02


Capítulo 02 

Estaba empezando a arrepentirse de la discusión que había tenido pocas horas antes, durante el baile.

No sabía qué lo había hecho sentir tan molesto, pero no pudo detener la rabia que emergía en forma de crueles palabras que aguijoneaban como alfileres.

Hermione le devolvió crudas palabras, y se fué sin más, dándole la espalda.

Harry había intentado llenarle la mente de pensamientos agradables, pero él no le escuchaba, sólo observaba cómo ella se acercaba a Víctor Krum y le dedicaba una hermosa sonrisa.

Y en aquel preciso momento, rememorando esos labios sonrosados curvados en una franca sonrisa, algo le arañó dentro de sí.

Cerró los ojos.

La sala, tenuemente iluminada por las llamas azuladas de un fuego que Ron había creado para calentar su cuerpo entumecido, le arrollaba con su silencio, dándole algo de paz a su encabritada mente.

Cuando ya parecía haber disminuido aquel malestar que punzaba desde algún rincón de su ser, un ruido le devolvió a la realidad bruscamente.

Abrió los ojos lentamente, a desgana, imaginandose encontrarse con alguien más despierto, o a alguna mascota deambulando por allí, pero no vió nada, y se levantó del sillón donde se había acomodado horas antes para inspeccionar mejor la habitación.

Una de las ventanas estaba entreabierta, y de allí procedía el ruido, como de un suave rasgar, y se asomó por curiosidad.

Al instante el pecho le fué traspasado por un aguijón de enormes dimensiones, pues el dolor que sintió se agudizó al entender lo que estaba presenciando.

Dos figuras se recortaban a la suave luz de una enorme luna llena, que iluminaba una imagen que no deseaba ver.

Hermione estaba allí, de pie, frágil ante el robusto ´ictor Krum, que la miraba sin pestañear. En apariencia tranquilo, una leve rojez en sus pómulos no engañaba, mostrando su nerviosismo ante la compañía de la muchacha.

Ella no le miraba a los ojos, sinó que los tenía entornados mirando a sus pies.

Victor le hablaba, y Ron se esforzaba por intentar oír aunque fuera alguna palabra ; mas era imposible, los latidos de su corazón retumbaban en sus oídos intensamente, y no le dejaban oír nada más.

Se sentía culpable por entrometerse en un encuentro tan íntimo, realmente nunca le había gustado observar escenas acarameladas de parejitas, pero se moría por saber qué pasaba entre aquellos dos, y no quería perder detalle alguno, así que siguió en su puesto de vigía.

Hermione seguía rehuyendo la mirada de Victor, y éste acarició su mejilla torpemente, tras lo cual la cogió de la barbilla y alzó su rostro hacia él.

Volvió a acariciarle la mejilla, esta vez con las yemas de los dedos, y hundió la mano en el pelo que ella llevaba en un elegante recogido.

Hurgó por un momento con el ceño fruncido, y segundos depués el cabello de Hermione, ahora totalmente liso, caía sobre sus hombros.

Ella hizo ademán de recogerlos, pero Victor la cogió de las manos, instante en que Hermione se ruborizó intensamente, igual que Victor.

Ron entornaba los ojos mirándoles con rabia, y pensó en mandarlos un potente conjuro, agarraba su varita con tal fuerza que le quedaban los nudillos blancos.

De repente, se oyó un chasquido, y la varita quedó rota en dos mitades.

- Oh, ¡¡Vaya!! ¡Y encima esto! - exclamó Ron malhumorado - ¡¡ Esto APESTA !! - y pegó un puñetazo a la cristalera de la ventana, en un arrebato de rabia.

Al oír el ruido, Hermione y Victor miraron hacia la ventana,
y Ron se vió obligado a esconderse estrepitosamente, echándose al suelo.

No estaba seguro de que no le hubieran visto, pero decidió no quedarse para averiguarlo.

Con la varita hecha pedazos aún en la mano, se escabulló hacia las escaleras, e intentando no hacer ruido, abrió la puerta de la habitación donde dormían sus compañeros.

Ron entró sigilosamente y se acercó a su cama. A su lado, Harry dormía como un tronco. Al parecer, tenía placenteros sueños, sus facciones relajadas y una leve sonrisa mostraban una gran tranquilidad, perseguida por intensos meses.

Ron se alegró por él, ya que siempre se veía envuelto en situaciones bastante o muy desagradables, y parecía imposible que hubiera una etapa tranquila para él.

Bueno, para ellos, ya que siempre andaban juntos y acababan recibiendo también. Pero no podían dejarle solo ; para eso eran sus amigos, además, aunque a veces no quisiera reconocerlo, le encantaban esas aventuras.

Apartó el dosel que cubría su cama y se echó en ella.

Tenía los ojos abiertos pero no veía nada, recordando todo lo que acababa de ver.

La rabia le consumía tenazmente.

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